... el conflicto del campo?


Más de un año después del voto “no positivo” del vicepresidente Julio Cobos, los representantes rurales no quieren saber nada con el Gobierno de Cristina Fernández.

Pasaron los piquetes del campo, las dos plazas en Congreso, el muñeco inflable del toro Cleto, las cacerolas de teflón en la zona norte de Capital Federal, las peleas entre “blancos y negros”, el lobby, las innumerables marchas y contramarchas y todo quedó igual: los intereses, la violencia y el dinero están a la orden del día.

Por el momento, ningún representante del campo admitió que, en un año de crisis económica mundial, el proyecto de retenciones móviles, es decir la famosa 125, hubiera reducido los derechos de exportación y existirían más subsidios para los pequeños y medianos productores.

Aunque hubo alguien que si se animó a hablar. Su nombre es Alfredo de Ángeli y llegó a la fama por su simpatía campechana, por sus cortes de ruta en Entre Ríos y por la falta de uno de sus dientes. De Ángeli no aportó ninguna idea, sólo se dedicó a insultar a Néstor Kirchner y aseguró que cualquier argentino que quiera comer lomo lo tiene que pagar “80 pesos”.


Mientras tanto, las autoridades de la siniestra Sociedad Rural Argentina prefieren dedicarse a hacer política. Por supuesto, no podían elegir otro partido que el PRO, cuyos candidatos son el colombiano Francisco de Narváez y Felipe Solá. El primero es un multimillonario menemista que tiene un plan pero nunca lo contó y que por el momento está vinculado al contrabando de efedrina. El segundo es un ex menemista, un ex duhaldista, un ex kirchnerista y el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, pero nunca dejó de ser un millonario hacendado rural que prefiere estar donde haya poder y dinero.
Durante el cierre de campaña del “grupo Macri” para la provincia, el ex presidente de la Sociedad Rural Argentina y nuevo candidato PRO, Luciano Miguens apareció a un costado del escenario. Con sonrisa cómplice festejó la ocurrencia de De Narváez cuando aseguró: “con Kirchner no voy ni a la esquina. No vamos a trabajar en conjunto con el Gobierno de turno”. Se notó, claro está, la preocupación que tienen por los argentinos. Mientras tanto el presidente de la SRA Hugo Biolcati repitió en tono apocalíptico que, en un año, Argentina deberá importar carne y trigo.

Finalmente, el conflicto entre los intereses rurales y el Gobierno termina en escraches organizados en algunos puntos del interior de Buenos Aires. Cada vez que un dirigente oficial estuvo ahí, aparecieron la violencia y los huevos y otros alimentos volaban en su dirección. Nada espontáneo, muy organizado. Lo mismo ocurrió con algunos actores, como Raúl Rizzo y Juan Palomino, que de gira con su obra de teatro, tuvieron que soportar el agobio por parte de los ruralistas que exigían saber por qué apoyaban al Gobierno como si se viviera en dictadura. Todo un símbolo en Argentina: Violencia, aprietes y escraches en medio de un discurso patriotero. En todo eso quedó el conflicto con el campo.


Matías Ayrala

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